Carles Prats

Corresponsal de TV3

Es la cara de la televisión pública catalana que nos acerca la información sobre la Unión Europea. Vinculado durante toda su carrera a informativos y especialmente a las secciones de Internacional, Carles Prats (Barcelona, 1975) ha sido corresponsal durante tres años en París, de 2002 a 2005, y desde 2006 sigue la actualidad europea desde Bruselas. En la primavera de 2009 será sustituido por Martí Anglada, jefe de la sección Internacional de TV3.

"Carles Prats, TV3, París", después "Carles Prats, TV3, Bruselas". ¿Cómo cerrarás las noticias a partir de la primavera?

Desde Barcelona. Volveré a la redacción, de donde salí ahora hace seis años, primero para pasar tres en París y después tres en Bruselas. Son etapas naturales de la vida. Muy interesantes y enriquecedoras, pero estoy seguro de que también lo será la que iniciaré de aquí a unos meses.

¿Echarás de menos hablar de la UE o te mantendrás conectado de alguna manera?

Cuando a uno le pica el gusanillo, no se cuida. Desde siempre me han interesado mucho los temas de política internacional y sobre todo la Unión Europea. Me fascina pensar en cómo hemos podido ir tanto lejos en cincuenta años. Sería imposible imaginárselo justo después de la Segunda Guerra mundial. Eso es lo que me hace conservar la esperanza en un continente más unido, más solidario y con voz propia en el mundo.

Cuando Francia dijo 'non' al 2005 en el Tratado Constitucional europeo eras corresponsal en París y en junio cubriste el referéndum en Irlanda sobre el Tratado de Lisboa. ¿Cómo viviste esos dos momentos cruciales para la UE?

En París, lo viví como una bofetada espectacular al entonces presidente de la República, Jacques Chirac, y a la gestión del primer ministro Jean-Pierre Raffarin. Como muchos franceses, entonces no era consciente de las consecuencias que aquél "no" tendría no sólo para Francia sino para el proceso de construcción europea. Se quería una Europa más social, más participativa, pero se cerraba la puerta a una Constitución que daba precisamente más poderes al órgano de representación directa de los ciudadanos: el Parlamento Europeo. Europa no se ha construido con maximalismos, sino con pasos muy pequeños, muy poco a poco. Muchos votantes del "no" de Francia querían correr más hacia una Europa con derechos sociales para todos, donde el mercado estuviera al servicio de la gente y no la gente al servicio del mercado, donde hubiera igualdad de oportunidades para todos los europeos... Pero se equivocaron de cabeza de turco.

Con respecto a Irlanda, pude captar la opinión de muchos irlandeses que querían precisamente lo contrario de los franceses. No querían ir más allá. Consideraban que se había ido lo bastante lejos, demasiado lejos. Tenían miedo a perder la independencia, la soberanía. Precisamente de eso se trata, de ceder soberanía pero sin perder capacidad de decidir. Los ciudadanos tienen que tener la última palabra. Por eso los mayores poderes del Parlamento Europeo. Ahora bien, detrás de todo esto había argumentos muy egoístas, como conservar un ventajoso sistema fiscal para las empresas irlandesas.

La perplejidad por el resultado irlandés todavía continúa. Tarde o temprano se tendrán que dar respuestas. Al "no" en la Constitución se respondió con una pizca de maquillaje. Ahora no se puede volver a repetir la escena.

Se habla mucho de lo que pasa en los EE.UU. y relativamente poco de lo que pasa en la UE, siempre con la excusa de que es una cosa lejana. ¿No es incongruente?

Para nada. Cuando se habla de lejano no se habla de distancia física, sino de la lejanía entre el ciudadano y aquéllos que toman las decisiones. El proceso de decisión es el que es lejano y desconocido. Las instituciones europeas se caracterizan por una complejidad endémica en la toma de decisiones y las responsabilidades quedan muy diluidas. En los Estados Unidos todo el mundo sabe quién toma las decisiones. La gracia de la UE es que para decidir la más mínima cosa hacen falta complicados consensos. Poner de acuerdo en temas muy controvertidos a 27 estados con sus particularidades es realmente destacable, pero también el principal lastre de la UE. Al final, los textos son tan ambiguos que todas las partes los acaban defendiendo, aunque sea por razones opuestas. El ciudadano acaba quedando al margen y no sabe nunca cómo interpretar lo que se decide en Bruselas.

La Unión Europea acaba siendo algo lejano, algo con unas dinámicas propias donde prima más la voluntad de llegar a un acuerdo que no la lucha de intereses políticos, la confrontación de ideas y la opinión de los ciudadanos.

La información sobre la UE va en aumento en la prensa escrita, mientras en los medios audiovisuales escasea y se hacen resonancia principalmente de los temas más polémicos y sensacionalistas. Y además, el 75% de la población se informa a partir de la televisión y la radio. ¿Qué le falta o qué le sobra en la UE para ser noticia para la televisión?

La prensa escrita y los medios audiovisuales son radicalmente diferentes. Se fijan en cosas diferentes porque tienen espacios y funciones bien diferenciados. La televisión y la radio se han convertido en medios que informan cuánto más rápido mejor de un tema, sin entrar en profundidad. Pican la curiosidad para que se pueda ampliar la información en Internet o en los diarios. La prensa escrita sí que tiene como vocación el análisis y reflexión, sí que tiene el espacio para analizar todos los matices de un tema. Sería ridículo pensar que en una crónica de radio de 40 segundos o en un vídeo de un minuto se pueden explicar muchas de las cosas que pasan en Bruselas con precisión. Las instituciones europeas son complejas por definición, todo lo contrario de la tendencia generalizada de los medios audiovisuales, donde cada vez se busca más la sencillez, el impacto y la instantaneidad. Los medios escritos tienen más espacio para poder entrar en los detalles, explicar los matices y evitar las lecturas superficiales que desgraciadamente acaban siendo las que prevalecen en los medios audiovisuales.

Me temo que, además, este fenómeno todavía irá a más, teniendo en cuenta la fragmentación del mercado audiovisual. Con la aparición de nuevos canales gracias a la televisión digital terrestre, la competencia es cada día más feroz. Todas las cadenas, cada una desde su punto de vista y sensibilidad, intentan de todas todas captar la atención del telespectador con temas que lo afecten de veras y que sean fáciles de explicar. Por eso muchas de las noticias que hablan de Europa y que salen en los medios audiovisuales están relacionadas con el consumo, la salud o la economía (crisis alimenticias, productos peligrosos, crisis económica...). Los informativos en la televisión y en la radio son cada día más cortos y "picados", con noticias más breves e impactantes.

Para que se hablara más de Europa en los medios, pienso que sería más inteligente "contaminar" las parrillas, que pretender "colar" más temas europeos en los informativos. En otras palabras, que Europa no fuera algo lejano de la cual sólo se habla en los telediarios, sino que se pensara en clave europea en el momento de hacer cualquier tipo de programa, ya sea un debate, un talk-show o incluso los espacios de entretenimiento. Mientras los participantes en las tertulias sólo sean "locales", será difícil ver más allá. ¿Por qué nos interesa tanto lo que pasa en los Estados Unidos? Entre otras cosas, porque tenemos las parrillas llenas de productos de todo tipo donde el centro de atención son los EE.UU. Sabemos más cómo son las calles de Nueva York que las de Berlín o Budapest. ¿Qué pasaría si las parrillas estuvieran llenas de productos como Rex (serie austríaca) o Derrick (alemana)? Seguramente nos conoceríamos mejor y nos creeríamos más eso de Europa. El principal problema de la Unión Europea es la falta de credibilidad a nivel interno y a nivel internacional. Eso hace que no se considere la Unión Europea como un actor en igualdad de condiciones con los EE.UU., Rusia o la China y, por lo tanto, tenga menos peso en los informativos.

Atacar a los editores porque se habla poco de Bruselas es equivocarse de enemigo y no querer ver quién es el culpable realmente. Si queremos que Europa esté en el centro del debate informativo, tenemos que ponerla en el centro de la agenda política y ciudadana. Eso no será así mientras no haya partidos políticos europeos, medios de comunicación europeos, ONGs europeas... en definitiva, conciencia de ciudadanía europea. Un hecho que, me temo, es a día de hoy muy complicado vistas las diferencias lingüísticas, culturales... de los pueblos europeos y las pocas ganas de ir hacia esta vía demostradas por algunos de los estados miembros.

Los medios de comunicación, como los políticos, se sitúan en un lugar muy concreto y explican el mundo desde su perspectiva particular. Cuando se habla de un tema agrícola, el medio se centra en aquellos aspectos de su país o su región, en comparación con el resto de países europeos. Para considerar Europa como punto de referencia tiene que ser en relación con alguna cosa, en comparación con alguien. Y aquí es donde sale a la luz uno de los grandes problemas: la UE no existe realmente como tal a nivel internacional. Su actuación es fruto del consenso de 27, no es una identidad con personalidad propia. El Tratado de Lisboa pretende darle precisamente personalidad jurídica, pero todo está por hacer...

La UE sufre de muchos problemas, pero uno de los más importantes es ponerle un rostro. ¿Quién es la cara de la UE? ¿Quién habla en nombre de la UE? ¿La presidencia, la Comisión o el Parlamento Europeo? La división de poderes complica el mensaje, dificulta la comprensión del telespectador. Otro de los problemas de la información comunitaria es que muchos hechos noticiables son cíclicos. Desde que la Comisión presenta una iniciativa legislativa hasta que se convierte en realidad ¿cuánto tiempo pasa? ¿Cuándo es noticia: cuando se presenta la propuesta, cuando se debate o cuando se aprueba? Los tempos en Bruselas son excesivamente largos si los comparamos con la toma de decisiones en cualquier estado. Hablar de una iniciativa que se acaba de presentar puede desconcertar al telespectador y acabar por desinformarlo, porque lo más probable es que el texto final no tenga nada que ver. Es lo contrario de lo que pasa en los Estados, donde si el gobierno presenta una ley, en la gran mayoría de los casos irá a misa. En Bruselas, lo más probable es que salga un compromiso muy diferente de la propuesta inicial. Será el resultado de duras negociaciones entre instituciones que, visto el resultado, obligarán al periodista a hacer auténticos ejercicios de funambulismo lingüístico para que pueda hacerla entender.

El gran problema de comunicación de la Unión Europea es que se pretende comunicar lo que no es. La UE no es ágil, no es eficaz ni innovadora en muchas cosas. Por definición, la UE es compleja. Su vocación es la de buscar consensos, lo que acaba implicando que sea lenta de reflejos. Los procedimientos en la toma de decisiones son farragosos y a menudo la UE es sinónimo de conformarse con acuerdos de mínimos. Es un conjunto de todo lo que intentan evitar los medios audiovisuales hoy en día.

¿Qué le sobra a la UE? Palabras. ¿Qué le falta? Hechos.

¿Según tu experiencia, qué podría reducir este distanciamiento entre Europa y sus ciudadanos?

Me parece que ya he ido desgranando algunos de los temas que podrían acercar la UE a la calle: simplificación del proceso de toma de decisiones, partidos que actúen como partidos y no como portavoces de los gobiernos, elección directa de los dirigentes (presidente de la Comisión, presidente de la UE ...), una sola voz en el mundo, consultas populares (referéndums y elecciones en el mismo día en toda la UE), un día festivo en toda la UE, una selección de fútbol, un himno, una bandera ... Todo contribuiría a construir una ciudadanía realmente europea y no nacional. De momento, sin embargo, todavía estamos en una época en la que los estados aún marcan la pauta. Para que Europa adquiriera protagonismo y fuera más creíble para la gente haría falta diluir las competencias estatales y cederlas a la UE, siempre bajo un férreo control de los ciudadanos. Parece, sin embargo, que eso es lo que da más miedo a irlandeses y holandeses, que no quieren ceder más poder lejos de casa cuando no saben quién manda ni cómo influir en la toma de decisiones. ¡Influir no quiere decir poder enviar mails a Bruselas durante los periodos de debate público, quiere decir poder escoger, quiere decir poder votar! Es éste el problema de la UE.

Durante estos años nos has mostrado muchas imágenes sobre la UE. ¿Con cuál te quedas?

Hay muchas, pero pienso que la más representativa de estos últimos años son las caras de alegría, y de incredulidad, de los partidarios del "no" tanto en Francia como en Irlanda cuando se hizo el anuncio oficial de que habían ganado. Era como recordar a los políticos que el poder lo tienen los ciudadanos y que no se puede hacer nada a sus espaldas. Quien sabe si de aquí a diez años, después de una relativa parálisis, habrá factores externos o internos que despierten una vez más el entusiasmo europeísta de nuestros políticos y sean capaces de contagiar a la ciudadanía.

Otra imagen muy significativa fue la de David Raya hablando ante la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo. Un ciudadano poniendo el grito en el cielo contra un reglamento secreto ante las instituciones europeas. ¿Qué Europa es ésta que estamos construyendo en la que hace falta que un enfermo de fibrosis quística y diabetes viaje hasta Bruselas para denunciar la irracionalidad de prohibir los líquidos a los aviones? Estamos construyendo un espacio donde prima la arbitrariedad de los agentes de seguridad, donde la policía puede abatir a un chico en el metro de Londres sin que pase nada, donde se puede disparar (Estocolmo) y matar (Génova) manifestantes sin que pase nada, se pueden secuestrar para después llevar a campos de tortura a ciudadanos europeos sin que pase nada... Ver a David Raya en el Parlamento Europeo es un ejemplo de que, a pesar de todo, Europa todavía funciona y vale la pena. Tenemos que hacer todo lo posible para no volver al mundo de ayer que describía Stefan Zweig y construir una Europa mejor, abierta, acogedora, moderna, sin odio y sin violencia.